Un estudio realizado por el Broad Institute en 2013 mostró un dato muy revelador: solo el 5% de los cánceres en animales de compañía tiene un origen genético. Entonces… ¿Por qué parece que cada vez hay más diagnósticos oncológicos en perros y gatos?
La ciencia ya nos dio algunas respuestas. Investigadores como Otto Warburg y Alfred Pringsheim demostraron que el entorno celular influye directamente en su salud. Cuando una célula se ve expuesta de forma constante a factores estresantes —ya sean químicos, físicos o biológicos—, entra en un estado de inflamación crónica silenciosa. Esto genera un desequilibrio que puede derivar en la replicación descontrolada de células dañadas: el origen de un tumor.
En otras palabras, el cáncer aparece cuando una célula sufre, deja de funcionar con normalidad y se resiste a morir.
Factores que generan ese «estrés celular»:
- Bajo nivel de oxígeno celular (por anemia, sobrepeso, sedentarismo, resistencia a la insulina, etc.)
- Contaminantes ambientales y toxinas (pesticidas, metales pesados, productos químicos)
- Uso continuado de ciertos fármacos (vacunas innecesarias, antibióticos, antiparasitarios)
- Presencia de infecciones persistentes (como sarro dental, infecciones urinarias, disbiosis intestinal)
- Procesos inflamatorios crónicos (obesidad, inflamación intestinal, problemas de piel, gingivitis, etc.)
- Desequilibrios inmunológicos y carencias nutricionales
¿Cómo puedes ayudar a prevenir el cáncer en tu compañero peludo?
Conociendo estas causas, hay varias acciones que puedes implementar desde casa para reducir riesgos:
- Actividad física diaria: El movimiento mejora la oxigenación celular. Lo ideal es que tengan al menos una hora de ejercicio aeróbico (caminar, correr, jugar).
- Alimentación personalizada y saludable: No todos los animales tienen las mismas necesidades. Una dieta adecuada evita inflamación, exceso de peso y desequilibrios metabólicos. Recordemos: los gatos, por ejemplo, son carnívoros estrictos, y muchos piensos comerciales contienen demasiados carbohidratos.
- Promover una microbiota intestinal equilibrada: Puedes utilizar alimentos fermentados como kéfir o vísceras fermentadas como la tripa verde para fortalecer el intestino.
- Vacunación consciente: Es posible comprobar con pruebas como el Vaccicheck si tu animal ya tiene anticuerpos. Así evitamos inmunizar de más y cargar el organismo con sustancias innecesarias.
- Desparasitación responsable: En lugar de administrar antiparasitarios de forma sistemática, realiza un análisis coprológico regular (trimestral o mensual según su estilo de vida) y actúa según los resultados.
- Higiene bucal adecuada: El cuidado dental va más allá del pienso. Cepillado con productos naturales, premios duros, algas y colutorios específicos ayudan a mantener una boca sana.
- Revisiones veterinarias completas una vez al año, incluyendo análisis de sangre y orina para detectar a tiempo cualquier alteración interna.
¿Qué podemos hacer si ya hay un diagnóstico?
Dependiendo del tipo de tumor, el oncólogo veterinario recomendará cirugía, quimioterapia u otros tratamientos convencionales. Pero también hay medidas complementarias que puedes aplicar para dificultar el avance del cáncer y mejorar la calidad de vida:
- Nutrición adaptada: Las células cancerosas se alimentan principalmente de carbohidratos. Por eso, en muchos casos, una dieta cetogénica —baja en carbohidratos, moderada en proteínas y rica en grasas saludables— puede ayudar a frenar su desarrollo. Esta dieta debe ser siempre ajustada a las características individuales del animal.
- Uso de nutracéuticos: Hay suplementos naturales que pueden ayudar a ralentizar la progresión celular y reforzar al organismo. Algunos ejemplos: vitamina D, DHA, berberina, silibina, apigenina, Viscum álbum, entre otros.
- Ayuno controlado: Prácticas como el ayuno intermitente un par de veces por semana, o un día completo de ayuno semanal, pueden generar beneficios metabólicos y fortalecer la respuesta celular.
En resumen
El cáncer da miedo, y con razón. Pero también es una llamada de atención: nos invita a actuar antes de que las células lleguen a ese punto de sufrimiento. Cuidar la alimentación, evitar la sobreexposición a químicos, promover el movimiento y mantener el sistema inmunológico equilibrado, son acciones poderosas que sí están en nuestras manos.
Démosles a nuestras mascotas lo que su cuerpo realmente necesita.
La prevención empieza en casa.
Dra. María Cadenas Ayerra
Veterinaria especializada en nutrición funcional
